El uso de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) en los contextos académicos y escolares ha aumentado notablemente a lo largo de los últimos 10 años. Más aún, en los últimos 2 años, a partir de la necesidad de realizar clases remotas o híbridas por la crisis sanitaria.
En esta publicación presentamos 3 beneficios de usar TIC en educación.
Las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) han impactado y hecho parte de la manera en que la sociedad funciona e interactúa. Sin lugar a dudas, las TIC se han hecho fuertemente presentes en el ámbito educativo. A continuación, te contamos 3 beneficios del uso de TIC en la educación. 1. Flexibilizan y ayudan a personalizar la enseñanza: Al usar TIC, los estudiantes pueden seguir ritmos de aprendizaje distintos. Esto es posible gracias al acceso (sincrónico o asincrónico) a contenidos adicionales, materiales de apoyo y a actividades que pueden ir desarrollando a su propio ritmo. 2. Fomentan la alfabetización digital y audiovisual: Al usar las TIC, se favorece el proceso de adquisición de los conocimientos necesarios para que los estudiantes las conozcan y utilicen adecuadamente. De esta forma, pueden adquirir competencias digitales y audiovisuales necesarias para su futuro profesional. 3. Agilizan la comunicación entre la comunidad educativa: A través de las TIC, los implicados en el proceso educativo tienen acceso rápido a los mismos recursos. Asimismo, se pueden utilizar herramientas que permiten una interacción directa entre las partes, sin necesidad de desplazamientos.
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Sabemos que, hoy en día, nuestro rol en la escuela va mucho más allá de enseñar matemáticas, lenguaje o historia. A diario nos enfrentamos a un desafío inmenso: gestionar la convivencia en un entorno que muchas veces absorbe las tensiones de la sociedad. En los últimos años, el aumento de situaciones complejas —desde el ciberacoso hasta faltas de respeto en el aula— nos exige una respuesta profunda, pero sobre todo, fundamentada en el cuidado mutuo.
En el panorama educativo actual, la presión por alcanzar estándares de excelencia ha puesto sobre la mesa un desafío que ya no podemos ignorar. El SIMCE, como principal herramienta de medición en Chile, suele generar una consecuencia que nos obliga a mirar los resultados más allá de los números: la ansiedad académica en las comunidades escolares.
Iniciar un nuevo ciclo escolar siempre trae consigo nuevos desafíos, y para los equipos directivos, Jefes de UTP y docentes el horizonte está marcado por un hito muy importante. En noviembre de 2026 se llevará a cabo una evaluación SIMCE de inglés que abarcará a una muestra representativa de estudiantes de 8° básico en Chile.