En muchas universidades, cursos y capacitaciones han enseñado y siguen enseñando el modelo de estilos de aprendizaje VAK (visual, auditivo y kinestésico). Pero, ¿este modelo tiene sustento científico?
Conozcamos más del modelo.
Estilos de aprendizaje: El modelo VAK, a grandes rasgos, establece que las personas tenemos distintos estilos de aprendizaje y que estos estilos están vinculados con nuestros sentidos, donde se diferencian tres grupos: (1) Aprendices visuales: Son aquellos que aprenden de manera más efectiva cuando les enseñan conceptos a través de imágenes, cuadros o diagramas, es decir, cuando se apela a estímulos visuales. (2) Aprendices auditivos: Son aquellos que aprenden de manera más efectiva a través de estímulos auditivos, por ejemplo: narraciones, discusiones, lectura de texto en voz alta, audios, etc. (3) Aprendices kinestésicos: Son aquellos que aprenden de manera más efectiva a través de la manipulación de objetos y el movimiento corporal. ¿Qué hay de cierto en todo esto? Los estudios muestran que no existe evidencia que demuestre que adecuar la clase según el estilo de aprendizaje del estudiante, tenga efecto sobre el aprendizaje que alcanza este. Un ejemplo de estos resultados fueron publicados por Rogowsky, Calhoun, y Tallal (2015), quienes luego de realizar un testeo experimental, señalaron: “…nuestros resultados demuestran que no existe una relación estadísticamente significativa entre el estilo de aprendizaje de los estudiantes y el método instruccional…”Los estilos de aprendizaje aún son enseñados en universidades, considerados en literatura pedagógica e intervienen en la práctica de docentes e instituciones educativas. Muchos docentes utilizan tiempo, energía y recursos adaptando sus clases a los estilos de aprendizajes, lo que al final del día, no tiene efectos en los aprendizajes alcanzados por sus estudiantes.
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Iniciar una nueva unidad didáctica suele venir acompañado de una tensión conocida para cualquier docente o Jefe de UTP: los docentes saben hacia dónde deben avanzar según el currículum, pero son conscientes de que una parte del curso aún no domina los conocimientos previos necesarios para dar ese paso.
En muchas salas de clases, los niveles de logro de los aprendizajes son diversos, y los profesores deben enfrentar el desafío de decidir entre seguir avanzando o detenerse y nivelar.
El inicio del año académico representa, quizás, el periodo de mayor presión cognitiva y administrativa para las comunidades educativas. Tras el receso estival, los establecimientos se enfrentan al retorno de estudiantes que traen consigo ritmos de aprendizaje heterogéneos, brechas de conocimiento acumuladas y una necesaria etapa de readecuación al clima escolar. En este escenario, la Unidad 0 surge como el cimiento sobre el cual se construirá el éxito de todo el año escolar.