En muchas universidades, cursos y capacitaciones han enseñado y siguen enseñando el modelo de estilos de aprendizaje VAK (visual, auditivo y kinestésico). Pero, ¿este modelo tiene sustento científico?
Conozcamos más del modelo.
Estilos de aprendizaje: El modelo VAK, a grandes rasgos, establece que las personas tenemos distintos estilos de aprendizaje y que estos estilos están vinculados con nuestros sentidos, donde se diferencian tres grupos: (1) Aprendices visuales: Son aquellos que aprenden de manera más efectiva cuando les enseñan conceptos a través de imágenes, cuadros o diagramas, es decir, cuando se apela a estímulos visuales. (2) Aprendices auditivos: Son aquellos que aprenden de manera más efectiva a través de estímulos auditivos, por ejemplo: narraciones, discusiones, lectura de texto en voz alta, audios, etc. (3) Aprendices kinestésicos: Son aquellos que aprenden de manera más efectiva a través de la manipulación de objetos y el movimiento corporal. ¿Qué hay de cierto en todo esto? Los estudios muestran que no existe evidencia que demuestre que adecuar la clase según el estilo de aprendizaje del estudiante, tenga efecto sobre el aprendizaje que alcanza este. Un ejemplo de estos resultados fueron publicados por Rogowsky, Calhoun, y Tallal (2015), quienes luego de realizar un testeo experimental, señalaron: “…nuestros resultados demuestran que no existe una relación estadísticamente significativa entre el estilo de aprendizaje de los estudiantes y el método instruccional…”Los estilos de aprendizaje aún son enseñados en universidades, considerados en literatura pedagógica e intervienen en la práctica de docentes e instituciones educativas. Muchos docentes utilizan tiempo, energía y recursos adaptando sus clases a los estilos de aprendizajes, lo que al final del día, no tiene efectos en los aprendizajes alcanzados por sus estudiantes.
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En el panorama educativo actual, la presión por alcanzar estándares de excelencia ha puesto sobre la mesa un desafío que ya no podemos ignorar. El SIMCE, como principal herramienta de medición en Chile, suele generar una consecuencia que nos obliga a mirar los resultados más allá de los números: la ansiedad académica en las comunidades escolares.
Iniciar un nuevo ciclo escolar siempre trae consigo nuevos desafíos, y para los equipos directivos, Jefes de UTP y docentes el horizonte está marcado por un hito muy importante. En noviembre de 2026 se llevará a cabo una evaluación SIMCE de inglés que abarcará a una muestra representativa de estudiantes de 8° básico en Chile.
Hay un instante que todo profesor guarda en su memoria: ese segundo de silencio en la sala, justo antes de que un estudiante comprenda algo que le parecía imposible. No es el silencio del desinterés, sino el de la revelación. En ese momento, los esfuerzos realizados cobran sentido y aparece lo esencial.