En el proceso de enseñanza-aprendizaje, la retroalimentación es sumamente importante. Puede ser uno de los elementos más eficaces para favorecer el aprendizaje. Pero no basta con solo dar retroalimentación, esta debe ser efectiva.
En esta publicación entregamos sugerencias para hacer de la retroalimentación un proceso fructífero.
1. Al entregar retroalimentación, haz que los estudiantes sepan y sientan que el aula es un lugar en el que se pueden cometer errores y que, justamente, los errores son oportunidades para aprender. 2. Centra tu retroalimentación en lo que el estudiante supo, hizo o logró. No en sus características personales. 3. Compara el trabajo de los estudiantes con un estándar establecido que les muestre su propio progreso, o la falta de él. No compares el trabajo de un estudiante con el de un compañero. 4. Dosifica la cantidad de información en tus retroalimentaciones. Si entregas mucha información de una vez, lo más probable es que el estudiante no logre comprenderla toda. 5. Sé muy claro con tus estudiantes acerca de lo que esperas que logren con respecto a lo que deben aprender y hacer. Para ello, puedes anticipar los indicadores de logro.
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Iniciar un nuevo ciclo escolar siempre trae consigo nuevos desafíos, y para los equipos directivos, Jefes de UTP y docentes el horizonte está marcado por un hito muy importante. En noviembre de 2026 se llevará a cabo una evaluación SIMCE de inglés que abarcará a una muestra representativa de estudiantes de 8° básico en Chile.
Hay un instante que todo profesor guarda en su memoria: ese segundo de silencio en la sala, justo antes de que un estudiante comprenda algo que le parecía imposible. No es el silencio del desinterés, sino el de la revelación. En ese momento, los esfuerzos realizados cobran sentido y aparece lo esencial.
El segundo año de educación básica representa un hito crítico en la trayectoria escolar. Es el momento en que la "decodificación" debe dar paso a la "comprensión", permitiendo que el estudiante deje de aprender a leer para comenzar a leer para aprender. En este contexto, la evaluación SIMCE de 2° Básico no es solo una medición estandarizada; es el termómetro que indica si los cimientos de la alfabetización están lo suficientemente firmes para sostener el resto del currículum.